Homilía del Arzobispo Ordenación Sacerdotal

mons

Ordenaciones Presbiterales 16 de agosto de 2022: 

Homilía del Arzobispo:

 

Mons. Eduardo Eliseo Martín presidió la Santa Misa de Ordenaciones sacerdotales en la Parroquia Ntra. Sra. del Carmen de Rosario, en la cual confirió el orden del presbiterado a los Diáconos Axel Girola, Sebastián Romero y Román Henriquez. 

 

En su homilía el Arzobispo expresó:

 

 

“Es un gozo para toda la Iglesia de Rosario, porque estos tres jóvenes diáconos van a recibir el orden sagrado en el orden de presbíteros. Como decimos siempre, van a ser ordenados sacerdotes. Vivimos tiempos difíciles, un cambio de época y podríamos decir que la cristiandad feneció. Hay que tomar conciencia de esto, de este cambio profundo. Pero los cristianos, no y la Iglesia tampoco. Y hoy estos tres jóvenes que dan su sí definitivo al Señor con todo lo que hay detrás de ellos, de vida cristiana, de vida de Iglesia, son un testimonio de vitalidad cristiana y vitalidad en la Iglesia. Pueden pasar sistemas, pero la Iglesia persevera hasta el final, y los cristianos también. Siendo más o siendo menos, eso solo lo sabe el Señor. Pero esto es lo importante: al haber jóvenes que se entregan al Señor, a la Iglesia, al Pueblo fiel, es signo de esta vitalidad y esto nos llena de alegría y esperanza. 

 

Quisiera subrayar algunas palabras de la Sagrada Escritura que proclamamos. La primera es saberse llamados, todos somos llamados. Esto es fundamental. Es una cuestión muy profunda. Pensemos: o somos autónomos o hemos sido llamados. Hemos sido llamados a la existencia, y hemos sido llamados a la santidad. Entonces la vida se concibe como vocación y cada uno tiene que dar una respuesta. Ser llamados. Y en este llamado, como fue Jeremías, es un llamado desde toda la eternidad. Cada uno de nosotros, hemos estado en la mente de Dios, desde toda la eternidad. Desde siempre. Consagrados. Dios que nos quiere santos, no nos quiere santos genéricamente. Desde toda la eternidad Él ha pensado la forma concreta en la cual nos quiere santos. Y a ustedes queridos muchachos, Dios los llama a ser sacerdotes, santos. A todos nos llama a ser santos: esposos santos, religiosos y religiosas santos, padres santos. Dios desde siempre tenía este designio sobre cada uno de ustedes, sobre cada uno de nosotros.

 

 

Ustedes, como cada uno, han ido descubriendo ese designio de santidad, que el Señor tiene sobre cada uno. Lo hemos ido descubriendo con el tiempo. En primer lugar tenemos que dar gracias a nuestros padres, colaboradores en este camino. Sin ellos ustedes no estarían aquí. Ni ustedes ni nosotros. Ellos que seguramente algún día los llevaron a la parroquia a bautizarlos. Historia de la vida cristiana. Así, Dios les fue mostrando signos, a través de los cuales, poco a poco fueron descubriendo que el Señor los quería sacerdotes. Rostros, experiencias para dar gracias. Y cuando dieron el primer sí, el Seminario. Por eso la gratitud al seminario, a los formadores, a los profesores, a los laicos que contribuyen con su granito de arena. Todo ha sido puesto para que ustedes hoy lleguen aquí. Por eso damos gracias a Dios. Signo de su infinita misericordia.

 

 

Envío: el envío es algo concreto. Es a llevar la Buena Noticia, a ser profetas. Y es a llevar ese tesoro de gracia. Ser instrumentos de la Misericordia de Dios. No ser diques de la misericordia sino canales de la misericordia. En los sacramentos. Cuánta necesidad de perdón. Cuánta necesidad tiene el mundo de conocer el perdón de Dios. Esto es maravilloso, es inconmensurable. Es algo tan profundo que no podemos a veces percibir totalmente la grandeza de este ministerio. Y en la Eucaristía, sacramento de la unidad y de la caridad, convertir el pan y vino en alimento que se entrega al Pueblo de Dios, que se derrama por los demás. ¡Qué inmenso es este ministerio! Y qué pobreza la nuestra. Por eso también los animo a que siempre tengan la conciencia de la desproporción entre el ministerio y lo que somos. No tengan miedo, siempre con la humilde conciencia de que somos frágiles, somos pecadores, somos vasijas de barro, somos débiles.

 

 

Estilo: es lo que nos dice el Apóstol Pedro: apacienten y velen. Estar atentos a lo que le pasa a la gente, al Pueblo de Dios. Velar. Estar atentos a las necesidades. En ese velar está también el orar por el Pueblo de Dios. Cuánto más oramos más tenemos el sentido del Pueblo de Dios. Cuánto menos oramos, nos endurecemos y perdemos la sintonía del Pueblo fiel. Uno no se hace sacerdote para pasarla bien, ni para tener una carrera ni para tener una buena posición, ni para estar cómodo. Abnegación. Negación de sí mismo. Ofrecernos para el servicio. No pretendiendo dominar sino contribuir a la alegría de la Comunidad. Si esto se hace carne, se ahuyenta el clericalismo. Esto implica escuchar para llevar a los demás a Dios. Este es nuestro objetivo.

 

Fracasaremos si no llevamos a nuestros hermanos y hermanas con Jesús. Que se encuentren con Cristo, no conmigo. No ser autorreferenciales.

 

Testigo y partícipe: el camino cristiano tiene la cruz. Tenemos que morir y resucitar. Él nos llama a la gloria. Tengamos hambre de esa gloria, de la gloria eterna. Viviendo a fondo el ministerio.

 

Pongamos en las manos de la Virgen, Madre de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, este ministerio, para que ella ampare, cobije el camino presbiteral que hoy comienzan”.

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